Los secretos que los búhos prehistóricos de Atapuerca dejaron para nosotros

A menudo pensamos en la arqueología como una disciplina que solo recupera grandes estructuras o herramientas de piedra, pero a veces la información más valiosa proviene de los restos más pequeños e inesperados. En la cueva de El Mirador, situada en el complejo arqueológico y paleontológico de Atapuerca, el equipo de investigadores del IPHES-CERCA hemos logrado reconstruir parte del rompecabezas del pasado gracias a unas singulares "cápsulas del tiempo" orgánicas en forma de egagrópilas. Estas bolas de material de origen animal parcialmente digerido, expulsadas por las aves rapaces nocturnas tras alimentarse, nos han permitido viajar hasta la transición entre el Calcolítico y la Edad del Bronce para entender cómo era la vida, el paisaje y el clima de esta época de la Prehistoria Reciente.

A diferencia de la mayoría de yacimientos, donde los huesos de la fauna más pequeña —anfibios, reptiles y pequeños mamíferos— aparecen dispersos y mezclados entre el sedimento arqueológico, en la cueva de El Mirador se recuperaron, alrededor del año 2000, unas veinte egagrópilas casi intactas. Estos restos contienen una cantidad extraordinaria de huesos de anfibios, reptiles, aves y pequeños mamíferos que dos (o más) búhos de tamaño mediano cazaron hace milenios. El estudio detallado que acabamos de publicar sobre esta muestra nos ha revelado que la dieta de las rapaces nocturnas no era siempre la misma, sino que cambiaba drásticamente según la estación del año, siguiendo los ciclos de reproducción de sus presas y la disponibilidad de alimento en el entorno.

Lo que hace que esta investigación sea realmente fascinante es la conexión que hemos logrado establecer con la actividad humana. Los resultados sugieren que el impacto de los humanos de la Prehistoria reciente sobre el paisaje ya era tan significativo en aquella época que llegó a alterar el comportamiento de los animales. El proceso de antropización —la transformación de la naturaleza por el ser humano— obligó a los búhos a adaptar su caza, decantándose por presas menos "ideales" pero más abundantes según el momento del año.

Además, gracias a estos datos, hemos podido reconstruir el clima del Holoceno con gran precisión, detectando periodos de mayor humedad entre el final del invierno y la primavera, que daban paso a una mayor aridez durante los meses de verano. Nuestro trabajo no solo nos ayuda a entender mejor cómo funcionan los ecosistemas, sino que también nos enseña cómo los ciclos naturales, como la estacionalidad y los cambios en el comportamiento de los depredadores, pueden influir en nuestra manera de interpretar el pasado climático.

Para quien quiera profundizar en este análisis que fusiona arqueología, biología, etología, estadística y Prehistoria, el artículo está disponible en acceso abierto de manera gratuita en la revista Quaternary International:

Bisbal-Chinesta, J.F., Blain, H.A., Bañuls-Cardona, S., Rey-Rodríguez, I., Núñez Lahuerta, C., Allué, E., Expósito, I., Cuenca-Bescós, G., Vergès, J.M. 2026. Influences of seasonal prey availability and anthropogenic landscape on small-vertebrate based palaeoecological reconstructions: a case study from the mid-late Holocene transition at El Mirador cave (Sierra de Atapuerca, Spain). Quaternary International, Volume 761, 110186. 






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